Los paisajes españoles de Carlos de Haes
Textos: Lola Soto Vicario
“(…) Para el paisajista, la vida sencilla del campo ha de ser como una necesidad. El pintor de paisaje debe en cierto modo identificarse con la naturaleza campestre. ¿Quién no ha sentido henchirse su pecho de un placer indefinible a los primeros albores del sol de Mayo? Entonces el estudio entre cuatro paredes se hace insoportable; descuélganse las cajas, y empiezan los aprestos para una vida de fatigas sanas y de afanosos trabajos: entonces renace en él, intérprete y admirador de las bellezas naturales, una segunda existencia; y sólo, ante el maravilloso espectáculo de la creación, se arroba en esa música del alma que ningún poeta acertará jamás a expresar… (…)”
Carlos de Haes
Discurso “De la pintura de Paisaje antigua y moderna”
Escuela de San Fernando. Madrid, 1860
1. CARLOS DE HAES Y EL PAISAJE DEL NATURAL
2. PAISAJES DE ESPAÑA. RECURSOS PLÁSTICOS Y CONCLUSIONES
1. CARLOS DE HAES Y EL PAISAJE DEL NATURAL
El pintor Carlos de Haes (Bruselas, 1826 – Madrid, 1898) defendió desde siempre la fidelidad hacia la pintura realizada directamente del natural, una práctica que resultaba enormemente innovadora en la escena paisajística española de la segunda mitad del siglo XIX. Fue el artista pionero del aire libre; ningún pintor en España había pintado paisaje a plein air antes que él. Fue prolífico y constante en su dedicación plena a la pintura paisajista y llegó a realizar un importantísimo conjunto de obra creado durante sus frecuentes salidas al campo y a lo largo de sus numerosos viajes por las distintas regiones de España y en el extranjero. Riscos, senderos, riachuelos, rincones, praderas, cumbres elevadas y parajes desconocidos fueron los temas genuinos de sus obras; en el apartado 2 de este estudio nos centraremos a analizar plásticamente una selección de estudios y apuntes del natural dentro del contexto de sus obras realizadas en España, aquéllas que nos parecen más representativas y que sintetizan las principales aportaciones de De Haes al género del paisaje.
Primeramente cabe comentar la importancia que Carlos de Haes otorga a sus apuntes de paisaje. Jamás llegó a desprenderse de ninguno de ellos y tenían para él la suficiente entidad y valor para presentarlos como obras definitivas, algo completamente inusual para la crítica de la época, que no lo aceptaba. Como catedrático de Paisaje en San Fernando, introdujo por primera vez en nuestro país la práctica del paisaje al aire libre, que a su vez había aprendido de los planteamientos artísticos franceses y de su país de origen; como pintor se había formado con paisajistas belgas herederos del naturalismo flamenco y estos eran también reflejo de los pintores de Barbizón 1). Durante sus estancias en Bélgica y en Francia hacia 1850, bien pudo contactar con la amplísima escena artística y con los artistas franceses que se consideraban la avanzadilla en la pintura moderna de paisaje. De todos ellos asimiló la rica y luminosa paleta barbizoniana, su técnica manchista, el gusto por lo inacabado y la construcción del espacio del cuadro a base de pinceladas yuxtapuestas o manchas amplias de color local. Los pintores franceses de 1830 practicaban lo que ya había propugnado John Constable, que los artistas deben experimentar la realidad sinceramente y el paisaje tiene que estar basado en una sensibilidad subjetiva. En 1845, un crítico belga se refiere en una exposición internacional a los modernos pintores franceses en relación a la tradición pictórica de su país:
“(…) En Francia la naturaleza se entiende como una entidad poética, y con el objetivo de lograr esto en el lienzo, los pintores comienzan con las masas en lugar de situar sus toques de pincel en una línea como si fueran geómetras, como si estuvieran tratando un problema científico… (…)”
Narcisse Virgilio Diaz de la Peña. “Paisaje”. Sin fecha
Los postulados de la pintura de paisaje plenairista barbizoniana serán la base que De Haes introduciría posteriormente en España, su país de adopción, a través de la Escuela de Bellas de San Fernando, en la que el artista instauró la primera Cátedra de Paisaje en 1857. Así se creará en el ámbito de esta Escuela una corriente de numerosos artistas interesados por el género del paisaje que dio lugar a una fecunda escuela de paisajistas españoles impulsada por De Haes, entre los que destacaron Jaime Morera, Darío de Regoyos, Aureliano de Beruete, Agustín Lhardy, Nicanor Piñole o Manuel Ramos Artal.
Jaime Morera. “Cercanías del Monasterio de Piedra”. Hacia 1872
La actitud ante el paisaje de Carlos de Haes supone también un aspecto novedoso en su época y en el contexto español; fue su nueva filosofía de observar e interpretar el paisaje entendiéndolo como una combinación de técnica, ciencia y poesía. Se mantuvo siempre en una postura contemplativa, sincera y sencilla ante la grandiosidad de la Naturaleza, que rehuyó la visión fantasiosa y el sentimentalismo propios del Romanticismo, y se sometió absolutamente a los planteamientos de un naturalismo puro basado en la observación detenida del natural y una ejecución sin efectismos ni grandilocuencia pictórica.
“(…) Sencillo en sus gustos, apasionado del campo, sentía con exquisita delicadeza y amaba con locura cuanto del campo venía. Recogía en sus excursiones las más humildes plantas silvestres, trasladándolas con grandes precauciones a su estudio, donde las plantaba en macetas (…)”
Las palabras de Federico de Madrazo acerca de su carácter sirven para ilustrar su estima, su profundo sentir y su sentido estético hacia todo lo que provenía de la naturaleza, que le predisponían para una pintura genuina y sincera.
Por otra parte, De Haes planteaba que todo elemento natural tenía la dignidad y entidad suficiente para considerarse dentro de la categoría de obra de arte. De esta manera enseñó a los paisajistas a observar el paisaje desde otro punto de vista, el estético, otorgándole una identidad y un valor en sí mismo. Consideraba el elemento “árbol” como parte esencial del paisaje, como el verdadero elemento protagonista en la composición, y por tanto, era imprescindible para el pintor conocerlo todo de él a fondo, “su expresión, sus costumbres e inclinaciones”, por lo que a menudo insistía a sus alumnos sobre la importancia de diferenciar cuidadosamente cada especie al realizar los apuntes del natural.
A través de los numerosos óleos, dibujos y grabados que hoy se conservan en el Museo del Prado se puede reconstruir la manera particular de percibir el paisaje de las distintas regiones de España por un artista insigne como De Haes; todo el conjunto de obras son como la cartografía de unos lugares que el pintor estimó y que inspiraron sus paisajes con una perspectiva mucho más realista y abierta que sus antecesores.
“Palmeral” (Elche). Hacia 1861. Óleo sobre papel. 17.7x41 cm.
2. PAISAJES DE ESPAÑA. RECURSOS PLÁSTICOS Y CONCLUSIONES
A continuación proponemos una revisión de los aspectos plásticos que hemos observado que aparecen de manera constante en la obra pintada por De Haes que tiene como temática el paisaje de España, aunque el pintor también realizaría un importante número paisajes durante sus viajes por Europa.
En el conjunto de obra visualizada hay un abundante grupo de estudios y apuntes realizados sobre papel, lienzo recortado y adherido después a cartón o lienzo con bastidor, y también sobre tabla. Los papeles para óleo eran preparados previamente con cola animal y en algunos de ellos se advierte la oxidación en algunas zonas debido al exceso de cola. Asimismo, la facilidad del transporte del material hacía que con frecuencia los paisajistas utilizaran estos soportes más ligeros, que se fijaban a la caja de óleos y cuyo formato se adaptaba a las dimensiones de ésta, por lo que nunca pasaban de 32x42 cm. aproximadamente.
Estas obras están realizadas en una o dos sesiones de dos o tres horas durante excursiones en tiempo estival; sin embargo el estudio de los celajes, que muestran una amplia variedad de estados, nos llevan a la idea de que muchos de estos lugares fueron pintados en condiciones meteorológicas más adversas. De Haes, como artista del Norte que es, siente profundamente los espacios ilimitados y la grandiosidad libre de los cielos tormentosos y llenos de actividad, que le inspiran composiciones donde desplegar abiertamente toda su maestría pictórica, a base de nerviosas y vivísimas pinceladas de muy distintas direcciones, sugiriendo que la naturaleza y el cielo están en continuo cambio, en perpetuo movimiento.
“Playa de Lequeitio. Atalaya”. Hacia 1872. Óleo sobre papel. 23.8x34 cm.
Sus estudios, de gran decisión e inmediatez, debido a la premura del tiempo que siempre condiciona el trabajo del paisajista que pinta en el exterior, están resueltos en general con pinceladas muy impetuosas, enérgicas, muy evidentes, de gruesos empastes sobre todo en las luces, sin bosquejos ni dibujos previos. Observamos trazos muy empastados ejecutados con acierto, sin amaneramientos ni efectismos, sin insistir, que construyen un todo un conjunto que fluye armonioso, hecho a base de una dicción muy abierta en ciertas zonas, y más cerrada y dibujística en otros detalles que el pintor desea definir más.
Hay fragmentos muy audaces, logrados con rápidos restregados de pincel con óleo muy seco que no cubren del todo el soporte y dejan entrever el fondo, lo que produce sensaciones de movimiento y vibración visual muy expresivas.
“Nuévalos. Aragón”. Hacia 1856. Óleo sobre papel. 33x40 cm.
Detalle de “Montañas del Puerto de Pajares”. Hacia 1874. Óleo sobre papel. 28x42 cm.
En la factura pictórica prevalece siempre el concepto de abocetamiento, de desdibujamiento de las formas naturales precisamente para conferirles esa “naturalidad” de la pintura más desecha, lo que los pintores solemos llamar “pintura-pintura”, hecha con pinceladas más rotas, con un tratamiento muy ligero en la construcción de algunas arboledas a partir de manchas más amplias y trazos muy sintetizados.
“Espadañas. Piedra”. Hacia 1872. Óleo sobre lienzo. 32.5x42 cm.
Detalle de la obra anterior. Esquematismo de la pincelada
“Paisaje de montaña” (probablemente Guadarrama). Óleo sobre lienzo”. 15.5x33 cm.
Sin embargo, el amor hacia la fidelidad botánica de De Haes le lleva en ocasiones a usar una pincelada más minuciosa y descriptiva de trazos y toques muy breves, pero nunca amanerados ni muy insistidos; vemos que está siempre presente el interés hacia el estudio formal de cada especie vegetal representada tratando de encontrar un trazo distinto, unas manchas diferenciadas que logren expresar la variedad natural de cada una de ellas.
“Un bosque en las cercanías del monasterio de Piedra”. 1857. Óleo sobre lienzo. 30x40 cm.
“Arroyo del Ángel”. (Casa de Campo). Hacia 1872. Óleo sobre tabla. 31x43 cm.
A veces, este inacabamiento tan atractivo de las obras llega a revelar la imprimación del lienzo, el papel o la tabla, sobre los que plasma toda la gestualidad pictórica de que su maestría es capaz, inventando una dicción distinta para cada elemento natural. Resulta plásticamente muy atractivo el hecho de dejar un fragmento de la composición completamente inacabado; en estas obras podemos apreciar la densidad de óleo con la que se ha trabajado y la expresión gestual de las manchas.
“Cumbres en los Picos de Europa”. Hacia 1874. Óleo sobre lienzo. 32x41 cm.
“Montañas del Puerto de Pajares”. Hacia 1874. Óleo sobre papel. 28x42 cm.
Descubrimos inusitados grafismos, quizás rayando o incidiendo sobre el óleo húmedo con la punta roma del pincel, que sorprenden las formas naturales de unos arbustos en primer plano e insertan una variación de gran riqueza expresiva dejando al descubierto el fondo que ya tiene una preparación de base ocre-rojiza y que aporta también su rasgo cromático de interés en la composición.
“Cañada del Puerto de Pajares”. Hacia 1874. Óleo sobre papel. 32.5x43 cm.
Detalle de la obra anterior. Grafismos sobre el óleo húmedo
Igualmente, su viva inclinación por representar los aspectos geológicos singulares de montañas y formaciones rocosas por motivos estéticos le llevará a crear un amplio repertorio de registros pictóricos evocadores de las formas caprichosas de peñascos, riscos o piedras aisladas que serán un pretexto para que De Haes despliegue toda su maestría y soltura con el pincel, con un conocimiento absoluto de la estructura interna de las formas pintadas que ha estudiado y observado con atención.
“Rocas” (Puerto de Pajares). Hacia 1874. Óleo sobre lienzo. 32.2x42 cm.
Pinceladas más breves, alargadas, enganchadas unas con otras, yuxtapuestas, difusas, como el propio oleaje en movimiento, más cargadas, más fluidas; su amplia diversidad nos habla de la diversidad propia del mundo natural que representan.
“Rompientes de olas. Leitiquio”. Hacia 1872. Óleo sobre lienzo. 39x61 cm.
El tratamiento de la luz es también un aspecto a analizar en De Haes por su profundo conocimiento de esta cuestión al abordarla de una manera expresiva y personal. En este sentido, su técnica refinada y exquisita, el uso de matices y transparencias, su gusto por los contrastes acusados, la construcción de unos ambientes más diáfanos, luminosos, o también torvos y nublados según la realidad natural que tiene delante dan lugar a unas obras lumínicamente audaces. Observamos que a menudo utiliza violentos contrastes de luz y sombra mediante una escala de valores medios-altos que otorga volumen y rotundidad dramática a las formas naturales y las modela bajo una iluminación manipulada deliberadamente por el pintor con finalidad expresiva.
“Montañas” (Asturias). Hacia 1874. Óleo sobre lienzo. 32.2x42 cm.
Como hemos comentado antes, observamos como recurso constante unos empastes más gruesos y densos concentrados en las áreas de luz máxima y las zonas claras del cuadro; De Haes deja así constancia sobre su profundo interés por el estudio de los efectos atmosféricos y lumínicos en el paisaje; cómo la luz varía si también cambia el estado del cielo, y cómo ello afecta al aspecto general de la orografía y la vegetación del terreno. Todo en el paisaje se muestra así, mudable, vivo, palpitante de actividad. El uso del contraste acusado enfatiza esta intención del pintor y nos hace percibir unas ambientaciones visualmente dinámicas y en constante cambio.
“Gargantas de Jaraba de Aragón”. Hacia 1872. Óleo sobre lienzo. 39x61 cm.
“Rocas de Santa Catalina” (Lequeitio). Hacia 1872. Óleo sobre papel. 24.2x34.2 cm.
En cuanto a la manera con la que De Haes construye el espacio del cuadro, destacamos básicamente por un lado el uso de panorámicas amplias y abiertas, grandiosas, con lejanías sutilmente esbozadas a través de la pérdida deliberada del detalle de las formas y el uso de perspectiva aérea, tratando el óleo de manera difusa en los fondos o mediante tonalidades frías, malvas o azuladas, más desvaídas. Por otro lado, existen composiciones que abarcan un espacio más restringido, un rincón escueto o un fragmento de paisaje más reducido seccionado por sus bordes, de manera que se nos presenta una selección de aquello que al pintor le ha conmovido o interesado pintar. Los términos aparecen diferenciados también mediante el marcado claroscuro, situando zonas en sombra en los primeros planos, con las lejanías más iluminadas. En los últimos términos percibimos que el tratamiento de la pintura se hace más ligero, más difuso, sin contornos marcados, sin huellas ásperas de pincel; en esas zonas del cuadro todo se nos revela en un tono absolutamente evocador con gran simplicidad de dibujo y de gran belleza visual.
“Picos de Europa”. Hacia 1874. Óleo sobre papel. 32x42 cm.
En las marinas advertimos una construcción espacial mediante dos o tres planos de profundidad en horizontal, un plano adelantado representando el oleaje en sí mismo y un plano alejado que sitúa la franja de horizonte diferenciada, con amplio espacio para la banda del cielo en la zona superior, a la que concede siempre gran importancia en el tratamiento pictórico. En los planos más adelantados vemos también un tratamiento esquemático de la forma, según el motivo y la intencionalidad del pintor.
“Rompientes” (Lequeitio). Hacia 1872. Óleo sobre papel. 26.5x41.7 cm.
Por otra parte, el color en Carlos De Haes alcanza unos niveles de limpieza, claridad y pureza magistrales; a lo largo de los años irá abandonando las tonalidades pardas y las tonalidades betún en favor de gamas más brillantes, siempre dentro de la moderación de los colores locales naturalistas; los verdes más ricos en matices, toda una extensa variedad de tierras y ocres amarillentos o rojizos, azulados y malvas, carmines y anaranjados; con todos ellos logra siempre una unidad tonal perfecta, sin saturaciones excesivas, sin estridencias, siempre empleados con sobriedad y gusto, a veces empleando a lo sumo un par de tonalidades y sus mezclas; siempre será un colorido muy cercano al utilizado por los pintores de Barbizón, de gran luminosidad y unidad tonal. Apreciamos ciertos contrastes cromáticos de rotunda expresividad que enfatizan el carácter del paisaje español, austero, grave, a veces sombrío, y otras más diáfano y afable.
“Charca de los alrededores de Jaraba de Aragón”. Hacia 1872. Óleo sobre lienzo. 26x41.5 cm.
El color-luz está sabiamente utilizado por De Haes; aplica matices a los colores y satura en zonas puntuales de la composición si el cuadro así lo requiere, para llevar la atención del espectador hacia tal o cual aspecto; por lo demás, sus paisajes siempre resultan cromáticamente contenidos, moderados y tan sólo sujetos a lo que el natural le dicta, sin planteamientos demasiado radicales pero sí novedosos en el contexto de su época.
Finalmente, y en lo que se refiere a cómo De Haes resuelve compositivamente sus pequeños formatos de paisaje, vemos que en general hay un uso de encuadres que distribuyen de manera equilibrada y sobria los principales elementos, que suelen ser “cielo-arboledas-montañas-lejanías”; el pintor compone una unidad a base de masas diferenciadas sin fragmentación, bien definidas y organizadas básicamente en ritmos horizontales, verticales u oblicuos, suaves o abruptos, sugeridos en las líneas del paisaje representado o en los propios elementos naturales. Por otra parte, vemos que concentra los elementos bien en un plano medio, o en un plano adelantado más evidente según el motivo, y puede llegar a ubicar el elemento “roca” o “matorral” como protagonista único y rotundo en el centro de la escena, sustituyendo la visión de un panorama amplio por un escueto fragmento, seccionando los elementos de primer plano. Al parecer, los encuadres utilizados por Carlos De Haes estuvieron en parte influenciados por la fotografía, que llegó a utilizar como instrumento de apoyo en su proceso pictórico.
“Sendero” (Aránzazu). Hacia 1875. Óleo sobre tabla. 21.5x15.5 cm.
Hay composiciones, diríamos, con excesivos elementos que resultan ciertamente más recargadas, aunque se equilibran con otras más despejadas y con espacios vacíos, según el tema de la escena representada y lo que el pintor desea expresar: un paraje desolado con un cielo “sin actividad” o un lugar exuberante de vegetación, ambos siempre con connotaciones de grandiosidad y armonía en su expresión.
“Unos desmontes” (Cercanías de Madrid). Hacia 1872. Óleo sobre lienzo. 31x42 cm.
“Valle en la Sierra de Guadarrama”. Hacia 1870. Óleo sobre papel. 29x40 cm.
En definitiva, el lenguaje pictórico de Carlos de Haes, hombre sensible, artista excepcional regenerador del paisaje español, de factura suelta, vigorosa pincelada, entonación uniforme y sólida composición y dibujo, abre paso a un nuevo método y una nueva actitud ante el paisaje. Sabiamente lo interpretará valiéndose de medios pictóricos sinceros, directos y sin efectismos, con un conocimiento profundo de todas las posibilidades expresivas del color local y la pincelada que expresa y apresa el movimiento de la luz, la vegetación, el aire y el agua, en el marco una realidad natural cercana que estima, y sabe comprender e interiorizar.
Las palabras de Carlos de Haes acerca del naturalismo pictórico sirven para reafirmar e ilustrar los planteamientos plásticos de sus obras:
“(…) En los cuadros de los inteligentes naturalistas que sin renunciar a lo ideal buscan otra especie de belleza, aparecen árboles, piedras y plantas con todos sus accidentes de forma y de color. Los árboles, sobre todo, ofrecen una variedad de recursos que nunca se verán agotados. Comprendieron que descuidar el árbol en el paisaje era matarlo. Los árboles son las verdaderas figuras en el paisaje. Cada uno tiene su fisonomía, cada uno su lugar favorito donde despliega mejor su verdadero carácter… (…)”
Carlos de Haes
Discurso “De la pintura de Paisaje antigua y moderna”
Escuela de San Fernando. Madrid, 1860
“Pinar. Mallorca”. Hacia 1877. Óleo sobre tabla. 15x22 cm.
NOTAS
1) El paisajismo de la Escuela de Barbizón describe un ambiente íntimo y tranquilizador, aparentemente fácil de alcanzar, con temas sencillos y cotidianos. La Naturaleza se considera siempre y en todas partes hermosa; no hacen falta motivos grandiosos para justificar su belleza. Los pintores naturalistas, como Jules-Bastien Lepage, máximo exponente de esta escuela, Rousseau, Daubigny o Dupré, reflejaron los aspectos mutables de la vida rural, basándose en la experiencia directa y en un lenguaje plástico sin artificios. Estos artistas conservaron siempre la tendencia a unirse y a fundar colonias estivales. Las impresiones momentáneas, los juegos de la luz, el cambio de las estaciones y la pincelada suelta sentaron las bases del Impresionismo francés. Véase HAUSER, A.: Sociologie der Kunst. S.e.S.l.S.d. (Trad. V.Romano Villalba) Fundamentos de la Sociología del Arte. Col. Universitaria de Bolsillo. Punto Omega. Ed. Guadarrama. Madrid, 1975. Pág.76, 81 y ss.
BIBLIOGRAFÍA
GUTIÉRREZ MÁRQUEZ, A: Carlos de Haes en el Museo del Prado. Catálogo razonado. Editado por el Museo del Prado, Madrid, 2004.
HAUSER, A.: Sociologie der Kunst. S.e.S.l.S.d.(Trad. V.Romano Villalba) Fundamentos de la Sociología del Arte. Col. Universitaria de Bolsillo. Punto Omega. Ed. Guadarrama. Madrid, 1975.
LITVAK, L.: El tiempo de los trenes. El paisaje espaÒol en el arte y la literatura del Realismo. 1849-1918. Ed. Del Serbal.Barcelona, 1991.
PENA, C.: Pintura de paisaje e ideología. La Generación del 98. Editorial Taurus. Madrid, 1982.
VEGA, J.: “El maestro Carlos de Haes: paisajista y pintor-grabador”, en el Catálogo de la Exposición “Carlos de Haes. Pintor-Gravador”. Lérida, 1996.
RECURSOS ELECTRÓNICOS
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WEBSITES CONSULTADAS
Las imágenes que ilustran el texto de este estudio han sido tomadas de la bibliografía y las websites referenciadas anteriormente.
Las conclusiones del apartado 2 de este estudio son originales de la autora y están basadas en la observación directa de la obra de Carlos de Haes en diferentes museos españoles.
Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).
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